Juventud y política: cuando “ninguno” comienza a ganar las elecciones
La juventud dominicana atraviesa una creciente desconexión con los partidos políticos tradicionales. La corrupción, el incumplimiento de promesas, la falta de oportunidades y el distanciamiento de algunos dirigentes después de alcanzar el poder han debilitado la confianza de las nuevas generaciones. Este artículo analiza el auge del “ninguno” en las encuestas, el surgimiento de nuevos actores políticos y el cambio de una política basada en ideas hacia otra centrada en figuras y emociones. La gran pregunta es si los partidos están preparados para escuchar a una juventud que ya no quiere ser solamente el futuro, sino protagonista del presente.
Imagen de jóvenes Dominicanos en una manifestación, modificada con ia.
Juventud y política: cuando “ninguno” comienza a ganar las elecciones
Por Julio César de los Santos García**
Hay un dato que debería provocar más preocupación en la clase política dominicana que cualquier encuesta electoral: cada vez son más los ciudadanos, especialmente los jóvenes, que cuando se les pregunta por cuál partido simpatizan responden: “por ninguno”.
Y lo curioso es que ese “ninguno”, aunque no aparece en la boleta electoral, en muchas encuestas termina obteniendo una cantidad de votos que ya quisieran algunos candidatos. Si algún día se pudiera postular oficialmente, quizás habría que reservarle una casilla, ponerle un número y hasta asignarle un buen equipo de campaña.
Pero detrás de ese aparente chiste existe una realidad que merece ser tomada con mucha seriedad.
La política perdió parte de su atractivo
Los partidos tradicionales han ido perdiendo capacidad para conectar con una generación que piensa, comunica y se reaciona de manera muy diferente a como lo hacían sus padres.
Una parte importante de la juventud observa con desconfianza los discursos políticos tradicionales, especialmente después de los numerosos escándalos de corrupción que han sacudido al país durante distintas administraciones. La percepción de que algunos funcionarios utilizan el Estado como una especie de premio personal después de ganar unas elecciones ha contribuido a deteriorar la confianza en la política.
Y aquí aparece una pregunta incómoda:** ¿cómo pedirle a un joven que crea en la política si, en ocasiones, quienes prometieron servir terminan sirviéndose del poder?**
La decepción también nace de experiencias más cercanas. Hay jóvenes que alguna vez se entusiasmaron con un candidato, participaron en actividades, tocaron puertas, defendieron una propuesta y hasta dejaron de dormir para buscar votos.
Pero después de la victoria llega el famoso “ahora no puedo”.
El dirigente que antes conocía el nombre de todos comienza a olvidar hasta los rostros. El teléfono que antes contestaba inmediatamente parece haber descubierto una nueva función: “no disponible”. Y aquel saludo efusivo de campaña puede convertirse, después de llegar al cargo, en una mirada de tres segundos acompañada de un diplomático: “¿Cómo tú estás?”.
Eso, aunque parezca anecdótico, también construye desencanto.
Los mismos discursos, las mismas promesas
**Otro problema es la repetición. ** Cambian los candidatos, cambian los colores, cambian los eslóganes y hasta cambia la música de campaña, pero muchas veces el contenido sigue siendo prácticamente el mismo.
Se habla de juventud, pero ¿cuántas políticas públicas realmente están diseñadas con los jóvenes y no solamente para los jóvenes?
Se habla de oportunidades, pero ¿qué oportunidades concretas se están creando para quienes terminan una carrera universitaria y encuentran que el primer requisito para conseguir empleo es tener experiencia?
¿Dónde están las oportunidades para el joven emprendedor que tiene una idea, pero no tiene capital? ¿Para el profesional que quiere regresar a su comunidad? ¿Para el joven del barrio que tiene talento, pero carece de conexiones?
Y, sobre todo, ¿cuándo vamos a dejar de utilizar a la juventud como fotografía de campaña para comenzar a utilizarla como protagonista de las decisiones?
La política de las personas y no de las ideas
La política dominicana también enfrenta otro fenómeno: cada vez se discuten menos las ideas y se siguen más las personas.
Antes existían debates ideológicos más definidos. Hoy, en muchos casos, la discusión se reduce a “yo soy de este” y “yo soy del otro”.
La propuesta puede ser secundaria. Lo importante parece ser quién la pronuncia.
Y ahí tenemos otro problema: ¿estamos votando por proyectos de nación o por personalidades?
Las redes sociales han profundizado esta tendencia. Un buen video puede conseguir más atención que un buen programa de gobierno. Una frase polémica puede hacerse viral mientras una propuesta seria pasa inadvertida.
La política se ha convertido, en algunos casos, en una competencia de popularidad donde el “me gusta” parece valer más que el contenido.
Y cuidado: no todo lo que se vuelve viral merece convertirse en política pública. ** Los outsiders y el voto de la frustración**
La ineficiencia, el desencanto y la pérdida de confianza han abierto espacio a los llamados outsiders de la política: figuras que aparecen fuera de las estructuras tradicionales y que logran capitalizar el cansancio de una ciudadanía que busca algo diferente.
No necesariamente porque esas figuras tengan mejores propuestas, sino porque representan, para muchos, la posibilidad de romper con lo conocido.
La pregunta entonces no debería ser únicamente quién será el próximo outsider, sino: ** ¿Qué están haciendo los partidos tradicionales para que la ciudadanía no tenga que buscar respuestas fuera de ellos?**
Porque cuando una sociedad deja de creer en sus instituciones, el problema no está solamente en quienes llegan desde afuera. También está en quienes, desde adentro, dejaron de escuchar.
La juventud no es el futuro: también es el presente
Durante décadas hemos escuchado que “los jóvenes son el futuro del país”.
Tal vez ha llegado el momento de dejar de repetir esa frase.
La juventud no es solamente el futuro; es el presente.
Los jóvenes estudian, trabajan, emprenden, participan en organizaciones comunitarias, crean contenido, defienden causas sociales y también votan.
Por eso necesitan algo más que fotografías con candidatos, discursos motivacionales y promesas de campaña.
Necesitan ser escuchados.
Necesitan oportunidades reales.
Necesitan espacios de participación.
Necesitan líderes que entiendan que gobernar no significa simplemente ganar elecciones, sino responder a quienes hicieron posible esa victoria.
Y quizás aquí aparece la pregunta más importante de todas:
¿Qué pasaría si una nueva generación decidiera dejar de votar por costumbre y comenzara a votar conscientemente por propuestas, resultados, principios y capacidad?
Tal vez entonces muchos políticos tendrían que cambiar el discurso.
Porque si la juventud deja de preguntar “¿de qué partido eres?” y comienza a preguntar “¿qué has hecho?”, la política dominicana tendría que prepararse para una transformación profunda.
El problema de la juventud con la política no es necesariamente que los jóvenes hayan dejado de interesarse por el país. Quizás, precisamente porque les importa, están cuestionando una forma de hacer política que ya no los representa.
El gran desafío no consiste en convencerlos de votar por un partido determinado, sino en devolverles razones para creer en la política como instrumento de transformación social.
Porque cuando “ninguno” comienza a ganar en las encuestas, no necesariamente estamos ante una generación indiferente.
Podríamos estar ante una generación cansada de promesas, pero todavía esperando una razón para volver a creer.
Y esa razón no se construye con discursos.
Se construye con hechos.



