¿Dónde están los profetas? República Dominicana, despierta
La histórica Carta Pastoral del Episcopado dominicano del 25 de enero de 1960, emitida durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, constituye un importante antecedente sobre el papel de la Iglesia frente al sufrimiento y la defensa de la dignidad humana. Más de seis décadas después, la memoria de aquel documento plantea una reflexión sobre el presente: el costo de vida, la corrupción, los servicios públicos, las oportunidades para los jóvenes y la protección de los recursos naturales. El artículo sostiene que la sociedad dominicana necesita liderazgos éticos, participación ciudadana y voces capaces de denunciar las injusticias sin recurrir al odio ni a la violencia.
¿Dónde están los profetas? República Dominicana, despierta
La memoria de la Carta Pastoral de 1960 vuelve a plantear una pregunta sobre el papel de la Iglesia y de los ciudadanos frente a los problemas que afectan hoy a la sociedad dominicana.
En República Dominicana, una reflexión sobre el papel profético de la Iglesia y de la ciudadanía vuelve la mirada hacia la** histórica Carta Pastoral del Episcopado del 25 de enero de 1960**, emitida durante la dictadura de **Rafael Leónidas Trujillo **y leída en los templos del país el 31 de enero de ese año. El documento expresó preocupación por el sufrimiento de numerosas familias y reclamó respeto a la dignidad y los derechos humanos. Más de seis décadas después, aquella experiencia histórica sirve como punto de partida para preguntarse cómo deben responder hoy las instituciones, los líderes religiosos y la sociedad ante la pobreza, el costo de vida, la corrupción, las dificultades de los servicios públicos y otras problemáticas nacionales.
Una pregunta que permanece
Hay momentos en la historia de los pueblos en los que el silencio puede resultar más preocupante que el ruido. No necesariamente porque toda institución deba asumir posiciones partidarias, sino porque existen circunstancias en las que la defensa de la dignidad humana exige una voz clara.
De ahí surge una pregunta que merece ser planteada sin estridencias: ¿dónde están los profetas? ** La interrogante no pretende convocar a la confrontación ni convertir a la Iglesia en una organización política**. Apunta, más bien, a recuperar una dimensión esencial de la responsabilidad social: la capacidad de denunciar aquello que atenta contra la dignidad humana y acompañar a quienes enfrentan situaciones de vulnerabilidad.
La historia dominicana ofrece un antecedente particularmente significativo.
La Carta Pastoral de 1960
El 25 de enero de 1960, los obispos de la República Dominicana suscribieron una Carta Pastoral con motivo de la festividad de Nuestra Señora de la Altagracia. El documento abordó el sufrimiento que atravesaban numerosas familias dominicanas en un contexto marcado por la represión política de la dictadura de** Rafael Leónidas Trujillo. **
La pastoral fue leída públicamente el domingo 31 de enero en las iglesias del país y constituyó un momento de especial relevancia en las relaciones entre la Iglesia católica y el régimen trujillista.
Entre los seis obispos que la firmaron se encontraban Ricardo Pittini, Octavio Antonio Beras, Hugo Eduardo Polanco Brito, Francisco Panal, Juan Félix Pepén y Tomás F. O’Reilly, entonces obispo de **San Juan de la Maguana. ** El documento puso el énfasis en la dignidad de la persona y en el sufrimiento de las familias, y llamó la atención sobre la necesidad de evitar los abusos y respetar los derechos humanos.
Aquella posición tuvo consecuencias. La relación entre la Iglesia y el régimen entró en una etapa de abierto deterioro, mientras algunos miembros del clero fueron objeto de vigilancia, presión y persecución.
**Una precisión histórica necesaria ** La historia de aquella Carta Pastoral también demuestra la importancia de evitar simplificaciones.
Durante décadas han existido diferentes versiones sobre quién redactó el documento. Investigaciones y testimonios posteriores han señalado la participación de monseñor Juan Félix Pepén, del nuncio apostólico Lino Zanini y de sacerdotes dominicos como fray Vicente Rubio y Armando Tamargo. Por ello, no resulta adecuado presentar como un hecho incontrovertible que una sola persona haya sido responsable de su redacción.
Lo que sí está documentado es que los seis obispos firmaron la pastoral y que su publicación representó un punto de inflexión en la relación entre la Iglesia dominicana y la dictadura.
Del pasado al presente
La República Dominicana de 2026 no es la República Dominicana de 1960.
No existe comparación posible entre el sistema político actual y la dictadura de Trujillo. Las instituciones, las libertades públicas y el marco democrático corresponden a una realidad histórica completamente distinta.
Precisamente por eso, cualquier reflexión contemporánea debe evitar equivalencias fáciles.
Sin embargo, recordar aquel episodio permite formular otras preguntas.
¿Qué ocurre cuando una sociedad se acostumbra a los problemas?
¿Qué sucede cuando la indignación dura solamente unas horas en las redes sociales?
¿Quién defiende al ciudadano que siente que no tiene mecanismos efectivos para ser escuchado?
¿Quién acompaña al trabajador cuyo salario pierde capacidad adquisitiva?
¿Quién escucha al joven que busca oportunidades?
¿Quién recuerda al enfermo y a la familia que enfrenta dificultades para cubrir sus necesidades?
Son preguntas sociales, no partidarias.
El desafío del costo de vida y los servicios públicos
Entre las preocupaciones que forman parte de la conversación cotidiana de los dominicanos se encuentran el costo de los alimentos, el precio de los combustibles, el acceso a medicamentos, la calidad de la educación, las oportunidades laborales para los jóvenes, las deficiencias de algunos servicios públicos, los apagones y la corrupción.
A estas preocupaciones se suma el debate sobre la protección de los recursos naturales y el modelo de desarrollo que el país debe adoptar.
No todas estas problemáticas tienen una única causa ni pueden resolverse mediante discursos. Exigen políticas públicas, instituciones eficientes, participación ciudadana, fiscalización y responsabilidad de los distintos sectores de la sociedad.
Pero también requieren algo menos tangible y, al mismo tiempo, indispensable: conciencia. ** El papel de la Iglesia**
La misión de la Iglesia no consiste en convertirse en partido político ni en sustituir a las instituciones del Estado.
Su responsabilidad, desde la perspectiva cristiana, también comprende la defensa de la dignidad humana, la solidaridad con los más vulnerables y el anuncio de principios éticos que orienten la vida social.
La experiencia de 1960 demuestra que una institución religiosa puede pronunciarse sobre asuntos de relevancia nacional sin necesariamente transformarse en una organización partidaria.
El reto contemporáneo consiste en ejercer esa responsabilidad con prudencia, independencia, fundamento y caridad, evitando tanto el silencio ante la injusticia como la utilización partidista de la religión. ** ¿Dónde están los profetas?**
La palabra “profeta” puede entenderse hoy en un sentido más amplio.
No necesariamente se trata de una figura religiosa que habla desde un púlpito.
También puede ser el ciudadano que denuncia una irregularidad; el periodista que investiga con rigor; el sacerdote que acompaña a una comunidad; el maestro que educa en valores; el empresario que se niega a corromperse; el funcionario que resiste la presión indebida; el joven que participa responsablemente en su comunidad; o la persona común que decide no acostumbrarse a la injusticia.
La sociedad necesita voces firmes, pero también responsables.
Necesita personas capaces de decir la verdad sin convertirla en odio.
Necesita crítica sin violencia.
Necesita indignación sin destrucción.
Necesita liderazgo sin culto a la personalidad.
Necesita instituciones que puedan ser cuestionadas y ciudadanos dispuestos a exigir cuentas.
Una República Dominicana despierta
El verdadero desafío no consiste solamente en preguntar dónde están los profetas.
También consiste en preguntarnos dónde están los ciudadanos.
Una democracia no puede descansar exclusivamente sobre la voz de sus gobernantes, de sus iglesias, de sus periodistas o de sus líderes sociales. Requiere una ciudadanía activa, informada y capaz de participar.
La memoria de 1960 no debe utilizarse para establecer paralelos simplistas con el presente. Debe servir para recordar que las sociedades atraviesan momentos en los que la indiferencia puede tener consecuencias profundas.
Hoy la República Dominicana tiene la oportunidad de defender sus conquistas democráticas y, al mismo tiempo, enfrentar sus problemas pendientes mediante las vías institucionales.
No hace falta violencia.
No hace falta odio.
No hace falta enfrentamiento.
Hace falta verdad.
Hace falta justicia.
Hace falta dignidad.
Hace falta participación ciudadana.
Y, sobre todo, hace falta que quienes tienen responsabilidades públicas, religiosas, sociales y profesionales comprendan que el silencio no siempre es neutral.
La historia de la Carta Pastoral de 1960 demuestra que una voz pronunciada en un momento difícil puede trascender generaciones.
Más de seis décadas después, la pregunta continúa abierta: ** ¿Dónde están los profetas?**
Quizás la respuesta no dependa únicamente de quienes ocupan posiciones de liderazgo. Quizás también dependa de cada ciudadano dispuesto a no permanecer indiferente.
República Dominicana no necesita despertar para odiar.
Necesita despertar para pensar.
Para participar.
Para exigir transparencia.
Para defender la dignidad humana.
Para rechazar la corrupción.
Para proteger sus recursos naturales.
Para escuchar a quienes sufren.
Y para construir, desde la verdad y la responsabilidad, una sociedad en la que ninguna persona tenga que preguntarse si su voz será escuchada.
República Dominicana: despierta.



